Liberándose de la esclavitud

Durante la historia de la humanidad, muchas religiones y filosofías han intentado liberarse de la esclavitud de los impulsos y emociones humanas. Grandes tradiciones de monjes y ermitaños, grandes escuelas y grandes maestros han luchado durante milenios por liberarse de la esclavitud de los impulsos y emociones humanas.


Extraño destino el nuestro, millones de años de existencia de las formas de vida y nunca nadie se había sentido esclavo, pero apareció el ser humano y adquirió una extraña consciencia del mundo y de si mismo, y se percato del sufrimiento que le provocaban los impulsos y las emociones, así nació el deseo de la liberación.

Pero ese es el punto de vista humano, porque el punto de vista del espíritu es aun mas extraño, el espíritu en realidad es quien provoca el sufrimiento a través de los impulsos y emociones humanas, el espíritu es quien nos incita a buscar la liberación, presionándonos sin compasión a través del sufrimiento.

En mi experiencia me he tenido que enfrentar al impulso sexual, a la ambición, al enojo, al miedo, a la tristeza, al aburrimiento, a todo lo que me ha provocado constantes sufrimientos. Durante años luche por controlarlos, por aplacarlos, por impedir que me arrastraran, sin mucho resultado. Miles de veces perdí la batalla, hasta que perdí totalmente la esperanza de estar libre de ellos.

Sin embargo me di cuenta de que no había modo de derrotar a todos esos impulsos en vida, pero que la muerte los cancela a todos, así que empecé a examinar mi pasado buscando pistas, especialmente cuando morí (hermoso misterio). Se me hizo claro que en ese momento me desprendí de todo, y todo quedó cancelado. El factor fundamental fue el hecho de sentir que mi muerte era inmediata e inevitable (inminente).

Aquí hay observar la diferencia que hay entre sentir que uno puede morir, y sentir que uno ya no tiene otra oportunidad. Cuando sientes que puedes morir, pero que aun puedes escapar, entonces te inundan los impulsos y emociones humanas, te arrastran, y peleas, y huyes, y te deprimes, y te aburres, y ambicionas, y te preocupas, pero cuando entiendes que ya no puedes escapar, entonces todas las emociones son inútiles y quedan canceladas, eso es desapego.

Sin embargo el proceso de cancelación se da en dos fases, la primera es cuando sientes que tu fin se aproxima y que ya no podrás evitarlo, en ese momento te das cuenta del verdadero valor de las cosas, de las personas y de las circunstancias, y sin premeditación te desprendes de todo ello.

La segunda fase consiste en estar totalmente consciente de que ya se ha muerto, el hecho de haber sido totalmente derrotado por la muerte, de haber sido devorado por la muerte. Solamente así pueden ser cancelados los impulsos que nos arrastran durante toda la vida, y que nosotros nunca elegimos, ellos nos eligieron a nosotros.

El sentimiento de la muerte nos estresa y angustia, pero el sentimiento de la muerte inevitable e inmediata nos compacta y nos despega de todo, el desapego reduce el sufrimiento, y finalmente el hecho de aceptar el atravesar el umbral de la muerte, lo cancela todo, aceptar estar muerto, lo cancela todo, y el estrés desaparece.

Reprimir los impulsos sólo retuerce nuestra mente, como les pasa a los sacerdotes católicos que se hacen pedófilos, por no poder tener una pareja, la solución no es reprimir, sino cancelar. Podemos cancelar nuestros odios, remordimientos, miedos, tristezas, todos nuestros sufrimientos, pero para ello necesitamos mucha valentía, la valentía de pedirle ayuda a nuestra muerte, y permitir que ella entre en nuestro ser, para limpiarlo y ordenarlo todo.